Laila sabe que no puede revelar los secretos de su mejor amiga, sobre todo porque conoce lo mucho que todo aquello significa para Alice, pero al ver a Silvia en ese estado, pensó que tal vez podría aliviar un poco su corazón.
—Sobre eso… —Laila duda.
—¡Cariño! —George se acerca a ellas con el rostro rojo como un tomate. Está nervioso y sus manos tiemblan—. Se llevaron a nuestra hija al quirófano. Dijeron que tendrán que hacerle una cesárea de emergencia.
—¿Qué? —pregunta Silvia, tan sorprendida