Jamás en toda su vida Richard había sentido algo así. Un nudo se forma en su garganta mientras sus ojos siguen a la pareja que camina hacia el otro lado de la calle, donde está estacionado el coche de Alice.
El sonido de las bocinas de los coches detrás de él, reclamando que avanzara, fue lo que lo sacó de aquel trance. Rápidamente, acelera y se detiene unos metros más adelante, junto a la acera. Espera a que Alice pase con su coche para seguirla y descubrir adónde va. Su conciencia le dice que