Richard se inquieta tanto con aquella conversación que su humor cambia de inmediato. Si no tuviera a su hija en brazos, ya le habría dicho unas cuantas verdades a Madeline.
—No voy a hacer eso —dice, intentando mantener la calma.
—Entonces no voy a romper nuestro compromiso —anuncia ella.
—¿Es que no lo entiendes? No hay ningún compromiso que romper. Si digo que ya no voy a casarme contigo, no me casaré. Solo acepté tus condiciones por respeto a las cosas en las que crees.
—¿De verdad piensas q