CAPÍTULO — Y entonces… vida
El regreso a casa fue silencioso, como si el cuerpo de Ernesto supiera que necesitaba atravesar ese trayecto sin sobresaltos, dejando que cada paso se acomodara en su lugar, mientras Felipe manejaba con cuidado exagerado y Clara observaba a su marido de reojo, vigilando cada respiración, cada gesto,que pudiera significar cansancio o dolor.
Felipe fue el primero en romper el silencio cuando estacionaron.
—Bueno, Don Ernesto, ahora empieza la parte aburrida —dijo con