Roger
Atravieso el corto camino hasta la valla que divide las tierras de las dos casar, mi hija sigue en refunfuñando en mis brazos haciendo esos pucheros a los que no solía ser inmune, aunque ahora tampoco creo serlo porque mi corazón duele por verla mirarme de esa manera tan disgustada.
Una vez estamos en mi propiedad dejo a mi hija sobre el suelo, la tomo del brazo para caminar con ella de prisa hasta la casa, mi hija se suelta de mi mano una vez estamos en el interior de esta y respiro prof