La semana posterior al beso que le había dado a Ashley había sido sumamente rutinaria para él. Vivía en un modesto departamento, en un nuevo lugar, tras haberse quedado sin trabajo. Aunque contaba con algunos ahorros, el despido repentino lo había dejado en una situación financiera difícil de sobrellevar.
Los días pasaban sin grandes cambios: se levantaba temprano cada mañana y se dedicaba a la ardua tarea de buscar un nuevo empleo. Enviaba currículums, se inscribía en entrevistas y recorría las