«Soy una mala amiga, la peor», se lamentaba Mónica, mientras caminaba por las soleadas calles de Canarias, con el corazón cargado de culpa.
Había viajado tan lejos buscando escapar de sus propios pensamientos, pero la traición que había cometido la perseguía como una sombra.
Se sentó en una mesa al aire libre de un pequeño café, intentando mantener la compostura mientras su mente daba vueltas sin parar. Se preguntaba cómo había llegado a ese punto, cómo había podido traicionar a su mejor amiga