—Hay algo que tengo que decirte, cariño... —mi mamá susurró en mis oídos mientras nos abrazábamos y nos movíamos al suave ritmo de la canción.
Ella todavía me llama cariño.
Yo era uno de sus bebés de dieciocho años.
Eso me hizo sonreír.
Además, saber que estaba a punto de disculparse conmigo por Dolf, hizo que mi sonrisa se ensanchara y estaba a punto de decirle que no quería pensar en Dolf... Era casi medianoche... Tenía casi dieciocho años.
Como dijo Elora, era una nueva era y el dolor y la i