—¡Oh, mira! Es la cumpleañera —exclamó Tamia cuando entré en la sala de estar de la casa de la manada de los lobos blancos.
Mi estado de ánimo frío se volvió cálido cuando vi el afecto en sus ojos mientras cerraba la distancia entre nosotras con los brazos abiertos.
Mi cara se iluminó. —¿Cómo lo supiste?
Quiero decir, no se lo dije. Igual que no se lo dije a Rastus.
—¿Cómo no lo haría? Además de ser tu tía abuela, te he estado escuchando a ti y a Susanna hablar de este día durante los últimos d