Susanna y yo hemos estado hablando de nuestros otro año nuevo de vida toda la semana, pero a pesar de la emoción que ambas nos expresamos, sabía que todavía nos aferrábamos al dolor de nuestro pasado: el dolor de la pérdida y la culpa que venía con el mero pensamiento de celebrar en un día así.
Aunque Susanna lo disimuló bien, me di cuenta de que ella sentía lo mismo.
Pero a pesar de nuestro miedo, mi cumpleaños ya era y el de ella faltaban siete días. Cuando me levanté de la cama esa mañana si