Una visita inesperada

―Deberías ser como ella y divertirte un poco más. Disfrutar de lo joven que eres todavía ―dice, interrumpiéndome, y me hace reír.

―Sabes que no tengo tiempo para eso, tampoco me gusta divertirme, bien.

―No creo que no te guste, pero insisto en que deberías hacerlo alguna vez. Tal vez salir con amigas, y por qué no, conocer a un chico.

―Por Dios, mamá, no empieces con eso. Solo llamaba para ver cómo estabas. Debo colgar, me voy a mi siguiente turno y después a la cafetería.

No sé por qué ha sacado ese tema. No me hace falta divertirme y menos conocer algún chico.

―Vale, hija ―dice, enseriando su voz, señal de que me he pasado un poco.

No es que odie divertirme; solo que no está en mis prioridades. Pero tal vez acepte alguna de las invitaciones de los viernes de Georgia, que se pone en plan de fiesta. Me sacudo; no creo que lo haga.

―Te veo esta noche ―digo para dar por concluida la llamada, que parece no haber salido bien.

Mamá me cuelga.

¿Pero divertirme? Creo que ya olvidé como se siente eso.

Suspiro hondo, porque eso no es algo que hoy día sepa cómo se hace. Desde que me gradué de la secundaria y llegó la catástrofe a nuestra casa, todo eso dejó de tener sentido para mí. No sé lo que es, quizás asumir las responsabilidades luego de tener que dejar la universidad a medias me hizo olvidar que eso era algo que podía sacarte una sonrisa y despejar la mente.

Termino de almorzar y me voy a mi turno. Los Junot por lo general están en casa cuando voy a limpiar, y ellos son muy amables y colaboradores. Sobre todo, Betty, que me recuerda a mi difunta abuela. Ella siempre tiene un té preparado para mí antes de que empiece mis labores, para que me llene de energía.

Luego, aprovecha para estar cerca de mí, charlar y contarme de su vida o de las peripecias con su único nieto cuando le dejan cuidarlo. al llegar, solo está ella; su esposo ha ido a su club de ajedrez comunitario. La tarde se me pasa rápido, y siempre salgo justo a tiempo para tomarme un respiro e ir a la cafetería.

Me despido de ella a las cuatro, luego de cumplir mis horas, y me dirijo a la cafetería. Miro mi teléfono y, aunque lo he ignorado, el hombre no ha vuelto a llamarme en lo que va del día.

«A lo mejor está muy ocupado con sus orgías» pienso maliciosa y luego me río.

Después, me callo al recordar lo que dijo. Busco información sobre él en internet y, la verdad, es un hombre muy exitoso. Sin embargo, encuentro algo que no me agrada mucho. No obstante, tampoco es algo que quiera confirmar.

Después de lo que nos ocurrió, todos dejamos el tema por nuestra paz mental, esa misma que Ferdinand Rothschild le robó a papá.

¿Tendrán algo que ver? No lo sé, y de verdad, no quiero averiguarlo porque siento que me devolvería toda esa frustración que ya he enterrado.

Llego a la cafetería y me apresuro a ir al vestidor y colocarme mi delantal.

―Hola, linda.

Ese es Bless, quien también va llegando. Él es uno de los cocineros.

―Hola ―respondo y me apresuro a seguir mi camino. Huyo de él; odio que me llame linda.

Al salir, voy hasta el tablón para tomar mi pluma, libreta y un paño para limpiar. Nos queda una hora para abrir, pero todo debe estar impecable. Aviso a Bill que limpiaré y prepararé las mesas, y él me da el visto bueno para que me ponga en ello.

―Disculpe, señor, aún no estamos en servicio. Reabrimos a las cinco ―le dice Bill a alguien que seguramente ha entrado a pesar del aviso.

―No vine a consumir nada en este lugar, vengo a ver a alguien que trabaja aquí ―responde una voz grave que me eriza la piel de la nuca y me pone los pelos de punta.

¡Madre mía! ¿Es posible?

No quiero, pero me toca detenerme de lo que estoy haciendo para mirar hacia la entrada, donde Bill habla con ese tipo. Indudablemente, es él. Alexander Rothschild, con su porte alto y talante arrogante.

Verlo allí, en persona, por alguna razón me hace tragar saliva con fuerza y sentir que se me atora en la garganta.

―A ella.

Enseguida me señala despectivo con su dedo, y su mirada agresiva como si quisiera estrangularme.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP