Mundo ficciónIniciar sesiónMentiría si dijera que no he dejado de pensar en lo que pasó. En parte, porque no puedo dejar de reírme al recordar cómo colgué el teléfono. No es algo educado, pero es que ese tipo se lo merece, y cada vez que me acuerdo de cómo se comportó como un animal conmigo, me inunda la alegría.
¡Cielos! Me he pasado riendo toda la mañana, como una tonta que recuerda alguna travesura. Sin embargo, solo espero no tener problemas con Jessica. Hasta ahora, parece que no ha puesto ninguna queja, aunque es obvio que, si logró llamarme a mi número privado, tuvo que pedírselo a ella. Me pregunto qué le habrá dicho para conseguirlo.
Las políticas de la agencia son bastante estrictas, y la única forma en que un cliente puede hablar directamente con una empleada es por alguna queja o inconformidad. Pero ese cretino y grosero debería darme las gracias. Su casa luce mejor de lo que estaba, y Jessica es testigo de cómo estaba cuando llegué. Es lo bueno de hacer los reportes. No me ha dicho nada porque, esta mañana, cuando llegué, ella estaba ocupada y hoy me tocó mi turno habitual.
Me detengo de mis pensamientos para mirar a mi alrededor y, al fin, termino mi primer turno de forma normal. Reviso que todo quede en orden y, tras inspeccionarlo, me preparo para irme. En eso estoy cuando suena mi teléfono. Lo miro y es Jessica. No puedo evitar ponerme un poco pálida al ver su nombre en la pantalla.
―Señora Harmon ―contesto, tratando de calmar los nervios mientras espero su respuesta.
―¿Llamo en buen momento? ―pregunta.
Suspiro hondo. Si fuera un regaño, no hablaría de tan calma.
―Eh, sí, ya casi estoy saliendo de la casa de los Ferrera ―respondo.
―No te vi esta mañana. Solo quería saber si recibiste una llamada del señor Rothschild.
―Sí, pero no pude contestarle. Estaba en mi turno de la cafetería.
―Sabes que no es habitual que el cliente haga eso, pero ya sabes, dijo que tenía una propina para ti, y después de las fotos que me enviaste, me pareció muy justo. Espero que te haya recompensado bien.
¿Propina? Eso me hace reír. No creo que la reciba a estas alturas, aunque realmente no estoy clara sobre lo que le ocurrió. Tampoco le dejé explicarme, y no es que crea que vaya a darme alguna.
El infeliz llamó para quejarse de algo que jamás pensé que sucedería y que hice como una inocente broma.
―¿Era solo eso?
―Sí. Solo me preocupaba haberlo hecho de forma arbitraria. No puedo romper mis propias políticas, sobre todo cuando el señor Rothschild tenía un tono bastante altanero.
No me sorprende.
―No podría confirmar sus actitudes, no estaba en casa cuando llegué.
¡Qué demonios! ¿Por qué estoy defendiendo a ese tipo? Debería decirle que es un cretino, arrogante y grosero
―Bueno, en todo caso, notifícame si te vuelve a llamar por lo de la propina. Ya sabes que esas cosas deben hacerse directamente con la agencia, aunque estoy tentada a cobrarle un cincuenta por ciento extra por todo el trabajo que te tocó.
¡Ni de broma! No puedo permitirlo. Preferiría no volver a encontrarme con ese hombre.
―No es necesario.
―¿Segura?
―Sí, no hay problema.
―Está bien. Ahora ve a tu siguiente turno para que no te pase como ayer.
―Vale, muchas gracias, señora Harmon.
Espero a que cuelgue y, una vez lo hace, llevo el teléfono a mi pecho y respiro hondo, muy hondo. Luego me sacudo y termino de prepararme.
Salgo de la casa de los Ferrera, un matrimonio mayor que pasa la mayor parte de la mañana en su club. Estaciono en una cafetería cercana y como mi almuerzo preparado. Son las doce y, a las dos, debo estar en casa de los Junot, otro matrimonio mayor, pero con los que tampoco me quejo de trabajar.
Marco el número de mamá para ver cómo va.
―¿Emma? ―contesta.
―Hola, mamá.
―¿Sucede algo?
―No, solo llamo a ver cómo estás.
―Estoy bien, acabo de comer el almuerzo y ya me he tomado la medicina. ¿Es eso lo que te preocupaba?
―No, pero me alegra que estés bien. ¿Anna ya llegó?
―No, llamó para decir que se quedará con sus amigas a estudiar.
―Le he dicho que puede hacer eso en casa, así cuida de ti.
―No creo que cuide de mí mientras está con sus amigas. De igual modo, no me molesta.
―Mamá, Anna debería asumir sus responsabilidades.
―Las dos son mi responsabilidad y no lo hago. No culpes a Anna, y tú tampoco deberías cargar con tanto por nosotras.
Tal vez mamá tiene razón, pero me molesta que siempre esté escudando a Anna, y supongo que será así hasta que aprenda a valorar lo poco que tiene, entre ello… a mamá y a mí.







