Mundo ficciónIniciar sesiónNi siquiera se corta las palabras el desgraciado prepotente. Maldigo mil veces en mi mente y en su nombre mientras dejo de hacer mi trabajo. Me acerco a ellos antes de que a Bill se le vaya la mano y se la ponga en su linda cara.
No le ha hecho mucha gracia que haya llamado "cutre" a su preciada cafetería, que mantiene impecable. Además, tiene fama y buena clientela; pero, por lo visto, no está a la altura de un riquillo como él.
—Tranquilo, Bill, yo me encargo —le digo palmeánd







