No sé en qué momento me quedé dormida, pero entre la somnolencia, sentí cómo alguien me llevaba en brazos. Abrí un poco los ojos y vi a Henrik avanzando hacia la habitación.
—No debes llevarme, debo pesar —me removí, intentando bajarme, pero él me sostuvo con más firmeza.
—No te preocupes, además eres muy ligera. Solo descansa.
—Quiero dormir contigo —dije, medio adormilada, y su mirada se iluminó de sorpresa.
—¿Conmigo? —su tono denotaba extrañeza.
—Sí, por favor —bostecé, sintiendo cómo el su