Enzo
La ayudé a salir de la camioneta, bajó de ella, como la Diosa que es, con esa cara de recién follada y el cabello cayéndole con libertad por la espalda.
Mis hombres nos escoltaron sin ver ni por equivocación a su reina; tenían terminantemente prohibido verla de más.
Soy muy posesivo con ella y puede ser preocupante ese comportamiento en mí, pero a ella parece no molestarse.
Entrelacemos nuestras manos y, escoltados por Red y seis hombres más, cami