48. Odio quererte.
Michael avanzaba por el pasillo pensativo había tomado una decisión basada en la necesidad de hablar con Sophie, de aclarar las cosas, su mente no paraba de dar vueltas en todo lo que le decía, Laura, los bebés… Sin embargo, se detuvo abruptamente al escuchar unos sonidos que no esperaba.
Eran gemidos. La ira se apoderó de él ante la idea de que su esposa estuviera con otro hombre. Empujó con brusquedad la puerta de donde provenían esos sonidos, preparado para lo peor.
—¡¿Qué estáis haciendo?!