Michael respiró aliviado al escuchar el grito de Hanna, estaba cerca.
El sonido de sus pasos resonaba en los pasillos mientras se acercaba rápidamente al lugar de donde provenía la voz de Hanna.
Michael irrumpió en la sala con su tan habitual aura de hombre poderoso, Sophie siempre se sentía intimidada y a la vez impresionada, incluso excitada por eso, pero en ese instante ni siquiera se fijó, pasó a segundo plano, le daba más miedo la forma en que Hanna la observaba.
—¿Dónde estabas, Sophie?