23. ¡Quiero un aborto!
Sophie ni siquiera sabía cómo había logrado escapar de allí sin ser vista, apenas notó el viaje de regreso a casa.
No podía dejar de llorar ni por un instante, estaba hecha un mar de lágrimas.
Pensó que podía confiar en ese hombre, pero era todo lo contrario: nunca debería haber confiado en él.
—He sido una tonta —murmuraba entre sollozos—. Me he casado con un hombre que no respeta ni siquiera su matrimonio... y lo peor es que, empujé a mis bebés al abismo… No, eso no podría ser…
—¿Está bien,