A la mañana siguiente, Dante sintió que algo se removía en los pies de la cama.
Medio dormido se giró incómodo.
La cama tenía una medida estándar que no contemplaba sus dimensiones, igual que el sillón de Lara, por lo que tuvo que dormir medio plegado.
No fue hasta que se estiró, panza arriba y de cara al techo, que notó que la sutura se relajaba.
Respiró hondo.
Si se quejaba de la cama o de cualquier otro detalle de la casa, Lara lo mataría.
Como si la llamara con el pensamiento, ella cruzó un