Dulcinea apenas entendía sus palabras, y en realidad, no quería entenderlas.
¿Qué quedaba por decir entre ellos?
Antes del divorcio, él la había humillado profundamente, y después del divorcio, lo había visto pagando por compañía... y ahora venía a intimidarla.
Dulcinea giró el rostro hacia un lado:
—Suéltame. No quiero despreciarte más.
Pensó que no sería fácil.
Pero Luis, lentamente, la soltó.
En la tenue luz, miró su rostro blanco y delicado. Pensó, ¿qué derecho tenía ahora a tenerla? Estaba