Aunque Alegría aún no podía hablar, también la levantó y le dio un gran regalo.
Finalmente, Dulcinea se acercó.
Al ver al anciano imponente, todavía sentía una cierta distancia, pero la calidez en su mirada la conmovió profundamente.
—Papá —dijo con la voz entrecortada.
La mirada de Marlon se profundizó.
Gael observó en silencio, mientras Michelle se enjugaba una lágrima de emoción.
Después de un momento, Marlon acarició el cabello de Dulcinea y regresó a su escritorio.
Abrió un cajón y sacó var