Dulcinea lo miró fijamente. Después de un largo silencio, con voz quebrada, dijo:
—Luis, eres cruel. Sacrificarías a Leonardo por tus objetivos. Para ti, él nunca ha significado nada; solo es el resultado de unos segundos de pasión. Tratas a tu hijo como a un animalito, sin diferencia alguna.
Luis miró a lo lejos a Leonardo.
Leonardo jugaba con su pequeño balón, y su frente blanca estaba cubierta de sudor.
Luis lo observó durante un buen rato. Luego, volviendo la mirada hacia Dulcinea, dijo:
—Mi