Catalina asintió:
—Sí, señora.
Después de un momento, Dulcinea murmuró:
—Encuentra un buen lugar y entiérralos juntos. Que la lápida diga: «Leandro Carrasco, hermano de Dulcinea Romero, y su amada esposa Jimena Santos». Cada año en esta fecha, llevaré a su hija a rendirles homenaje.
…
El día del funeral de los Carrasco, Dulcinea asistió.
Sostenía a la pequeña Alegría en sus brazos, mientras Clara y Catalina la apoyaban a ambos lados. Ante la tumba de los Carrasco, Dulcinea murmuró:
—No se preocu