Miró su perfil y dijo en voz baja:
—Hermano… déjalo ir. Creo que papá no querría que viviéramos siempre en el odio, él querría que fuéramos felices.
La brisa vespertina soplaba suavemente.
El cabello peinado de Luis se desordenó un poco, haciéndolo parecer más joven, como cuando tenía veinte años, ese Luis elegante y distinguido.
Su camisa blanca resplandecía en el crepúsculo, lo suficientemente impactante como para sorprender.
Todavía agarraba la puerta del coche…
Bajó la mirada y repitió las p