La pantalla se iluminó, mostrando una imagen borrosa. A través de ella, se veía a Ana abriendo la puerta y entrando en la suite, iluminada de manera que su rostro era claramente visible.
En ese momento, Ana sintió un escalofrío helado recorrer su cuerpo.
Mario, con un toque calculador, sujetó su barbilla:
—¿Te resulta difícil mirar?
Luego, con una sonrisa helada, dijo:
—Siempre has sostenido que era la puerta de la habitación 6201. Ahora mira atentamente y descubre la verdad, ¿era la 6201 o