Ana no era tonta, entendió lo que él quería.
Él quería que fuera su amante.
Siempre y cuando estuviera dispuesta a acostarse con él, a satisfacer sus necesidades masculinas, él le daría mucho dinero, incluso podría no trabajar 12 horas al día, podría vivir cómodamente.
Pero ella no quería...
Temblorosa, dijo lo que sentía:
—Tuve esposo y hijo, los he perdido... los estoy buscando! Señor Lewis, tú tienes apariencia y riqueza, puedes tener a cualquier mujer que quieras, pero yo solo tengo a ellos,