Los ojos oscuros de Mario se humedecieron.
Gloria, a su lado, ya había escuchado de la criada lo sucedido esta mañana. Aprovechó la oportunidad para intervenir:
—Ahora que se ha aclarado el malentendido, señor Lewis, debería considerar traer de vuelta a Ana.
Pero Mario guardó silencio. Sacó un fino collar de su bolsillo, lo contempló con ternura y lo acarició suavemente… Gloria no podía comprenderlo. ¿Cómo podía pensar en buscarla ahora? Su situación actual, incluso si lograban una reconciliació