El otoño traía un aire frío.
Ana ajustó sobre su cuerpo el blazer masculino, cuyo tejido de calidad rozaba su rostro suave, tan cerca que podía percibir la fragancia de Víctor…
Esto la hizo recobrar el sentido.
Con un murmullo, negó con la cabeza:
—¡No!
Entonces, Víctor la rodeó con sus brazos, abrazándola por los hombros. Su esbelta figura la hacía parecer aún más delicada, como una flor de seda en sus brazos… encajaban a la perfección.
Desde su silla de ruedas, Mario observaba, silencioso. Su