Mario se sentó al borde de la cama y la sonrió con dulzura:
—Salí a resolver unas cosas, ¿soñaste algo?
Ana lo miró intensamente, pero guardó silencio sobre su sueño; siempre lo consideró un mal augurio. Más tarde, ya acostado a su lado, Mario tomó su mano espontáneamente… Ese cálido contacto parecía calmarla gradualmente.
Ella pensaba que los sueños eran lo contrario a la realidad, no eran ciertos.
—¡Solo fue un sueño! —se dijo.
Después, justo cuando estaba a punto de dormirse, creyó escuchar a