Después de un tiempo, un suave aroma masculino flotaba en la habitación. Era intenso. Mario respiraba entrecortadamente, girando su cuerpo, sintiendo un vacío incluso después de haberse liberado. No, ¡no estaba satisfecho! Su cuerpo se sentía aún más vacío, anhelaba abrazar a Ana, ansiaba su piel blanca y suave, deseaba que lo calentara con su estrecho abrazo, lo deseaba tanto que le dolía el cuerpo... Después de calmarse, se levantó de la cama y entró al baño para ducharse.
…
Al despuntar el al