Mario apretó ligeramente las manos sobre el volante, aunque mantuvo una expresión tranquila en su rostro: —Puedes considerar dar a luz allí. Pero en cuanto a tus negocios, deberías reducir el ritmo un poco. Las mujeres embarazadas suelen tenerlo más difícil antes y después del parto... señora Lewis, no quiero que te esfuerces demasiado.
Ana sonrió levemente, una sonrisa llena de melancolía.
Por la noche, mientras Mario trabajaba en su estudio, Ana terminó de bañarse y se sentó frente a su tocado