En lo profundo de la noche, Ana recibió una llamada de Mario. La lluvia caía afuera, haciendo que su voz sonara distante y un tanto difusa: —Mañana a las cuatro de la tarde, ven a la mansión. Hablaremos sobre el divorcio.
Ana se sintió algo aturdida. Aunque había encontrado la debilidad de Mario y sospechaba cuál sería su elección final, no esperaba que aceptara tan fácilmente el divorcio. Por un momento, se sintió emocionada. Después de un rato, recobró la compostura y le respondió: —Sería mejo