La ventana del coche estaba medio bajada, revelando el rostro distinguido de Mario.
Llevaba un traje clásico en blanco y negro, parecía que acababa de salir de algún lugar formal, irradiando una ligera sensación de relajación... lo que hacía que Ana se viera aún más desaliñada.
A través de la noche lluviosa, se miraron fijamente en silencio.
Los labios de Ana temblaban de frío.
Sostenía su violín firmemente, como si se aferrara a la última paja de su vida... sabía que Mario le estaba dando una o