Ana era hermosa y tocaba el violín de manera excepcional.
El responsable le pagaba 100 por presentación, y en días ajetreados Ana llegaba a actuar en tres o cuatro lugares. Ella tocaba al menos 6 horas al día, sus dedos largos y delgados se cubrían de callos y ampollas.
La vida era dura, con constantes idas y venidas, pero Ana nunca se arrepintió.
Nunca llamó a Mario, y él tampoco lo hizo... De vez en cuando, ella veía noticias sobre él, asistiendo a cenas, adquiriendo empresas.
En cada evento,