Mario llegó a la villa cerca de las once de la noche.
Al entrar en el vestíbulo, una sirvienta se acercó y preguntó en voz baja: —¿Necesita que le prepare algo de comer, señor?
Después de quitarse el abrigo y desabotonar un par de botones de su camisa, Mario respondió con voz apagada: —Prepárame un tazón de sopa, por favor. ¿Y la señora? ¿Ya se acostó?
La sirvienta, tomando el abrigo de Mario, respondió respetuosamente: —La señora bajó a comer algo por la tarde, tocó el piano un rato y luego no