El silencio se adueña del lugar, mientras que las miradas desconcertadas se posan sobre la hermosa y joven mujer que los visita.
Katrina traga pesado y trata de disimular su disgusto y dolor, pero aún no es capaz de articular palabras.
—Katrina... —Leoncio la saca de su ensoñación con un tono lastimero que a ella le avergüenza. No quiere la lástima de nadie ni que la vean vencida—. Su maletín... —musita con el mismo tono mientras le extiende el objeto que ha recogido.
—G-Gracias... —tartamudea,