Observo a mi amiga con los ojos agrandados, puesto que aún no logro asimilar sus palabras.
—Entonces, ¿Jill se marchó? —Estoy pasmada. May asiente con los ojos cristalizados.
—Se fue a vivir con su abuelo a las afueras de la manada. Se cansó de esperar por mí.
—Pues, búscalo.
—No tengo el coraje. ¿Qué le diré?
—No sé, ¿qué tal que fuiste una tonta y que te arrepientes? —La miro de forma acusatoria. Ella se muerde el labio inferior y niega con la cabeza.
—No me atrevo. No me siento lista para te