C132 -SIN NADA QUE PERDER
La puerta principal de la mansión se abrió de golpe y Angelo entró con el rostro desencajado, los ojos inyectados en sangre y la mandíbula tan apretada que sus dientes parecían a punto de romperse.
Aurora, que estaba esperando noticias en la sala, se levantó sobresaltada, llevándose una mano al pecho.
—¡Angelo! ¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara? ¿Pasó algo con Alan? ¿Está bien?
Él respiró hondo, pero su voz temblaba de una rabia incontenible.
—Alan está bien —hizo una pausa