C130 –HOMBRE... MALO
C130 –HOMBRE... MALO
La luz del atardecer se colaba débil por las cortinas entreabiertas, tiñendo de naranja el rostro pálido de William, quien seguía acurrucado en el sillón, con la manta hasta la barbilla y los ojos clavados en la pared como si allí estuviera escrita la explicación de todo.
Rachel dejó la taza de chocolate caliente sobre la mesita y se sentó despacio a su lado, cuidando de no rozarlo demasiado.
—¿Cómo te llamas, cariño? —preguntó otra vez con voz suave.
Pero solo se escuchó si