138. Un sólo dolor
No trajo nada más que el periódico y su tristeza. Y retrocediendo entonces toma su bufanda.
—No puedes creer que te abandoné.
—Lo hiciste —Maya termina por ponerse la bufanda y tomar el último aliento—. Lo hiciste y no lo quieres asumir.
—Nunca me dijiste que ibas a entrar en algo como eso —Maximiliano la observa con fijeza. Sus ojos también están a punto de quebrarse—. ¿Cómo pudiste no hacerlo?
—Max…
—Claro que tuve que ser yo la persona a tu lado —suelta, desdichado—. No me dejaste