12. ¡Al borde de la vergüenza!
12. ¡Al borde de la vergüenza!
Así que lo deja allí. Quizás lo hubiese acostado en el cuarto que antes era de Jenny, pero tiene cientos de cajas y papelería que sería tan incómodo para él. Está mejor la sala, ancha, con una vista preciosa y ahora, que apaga las luces, muchísimo mejor.
Siente la necesidad de arroparlo, así que un cuidado imposible y delicado lo sostiene para dejarle una manta. No hace más que sonreír. Había visto varias facetas de su jefe, pero aquella en definitiva no se enc