A la mañana siguiente, Marina llegó a la empresa. Pero justo al bajarse del auto, un llanto desgarrador llamó su atención. Al mirar, vio a una anciana corriendo hacia ella con desesperación.
Los guardias reaccionaron al instante, deteniéndola antes de que pudiera acercarse.
—¡Por favor, te lo suplico! ¡Déjalo ir! ¡Mi nieto es joven aun! ¡Dale una oportunidad para redimirse! —gritó la anciana mientras llorando desconsolada caía de rodillas.
Marina, sorprendida por la escena, se quedó inmóvil por