Marina estaba fuera de la habitación hablando atenta con el doctor sobre la recuperación de César tras la cirugía.
Adentro, Yolanda no dejaba de mirar fijamente al hombre de cabello blanco que se encontraba en la cama.
César suspiró con resignación; en realidad, no era la primera vez que lo observaban de esa manera:
—Señora Yolanda, ¿le gustaría comer fruta?
Yolanda volvió en sí, respondiendo con cierta vergüenza:
—No, gracias.
Marina terminó de hablar con el doctor sobre el estado de César y