—Señor Álex, lamento mucho lo sucedido la última vez —dijo Marina con sinceridad.
Esa noche, lo había invitado a cenar con el propósito de disculparse por el malentendido causado. La situación había afectado de forma considerable la relación de cooperación entre ambas partes.
Álex, sentado frente a ella, parecía algo distante, aunque sus ojos reflejaban una ligera curiosidad. Después de todo, Diego había intervenido en su favor.
Lo observó y, esbozando una sonrisa educada, comentó:
—Señora Marin