Era ya medianoche, y un profundo silencio envolvía por completo toda la casa. Sin embargo, el dormitorio principal brillaba intensamente iluminado. Camilo, conteniendo el impulso de empujarla de la cama, frunció el ceño.
—Bájate de inmediato —ordenó, con un tono que destilaba enojo.
—No.
Yadira había esperado a que Camilo se durmiera para quitarse el camisón y subirse cautelosa sobre él.
—Déjame intentarlo. Si realmente esto no funciona, iremos al hospital. Estoy segura de que hay solución.
Ambo