La pregunta de Marina resultó tan desconcertante que Diego sintió cómo en ese momento su mente se nublaba.
—Creo que estás loca —dijo Diego, esbozando una leve sonrisa.
—¿Por qué me insultas así? —Marina, atónita, lo miró fijamente.
Diego no quería continuar en esa conversación tan tonta.
—Vamos, no digas tonterías. Nuestra vida privada es bastante limpia, y parece que te falta un poco de conocimiento médico.
—¿Te gustaría cenar esta noche?
—No, estoy loca. Necesito tratamiento.
Marina levantó l