Mientras tanto, en el Jardín Cielorén, los dos estaban en el sofá, recién salidos de una intensa noche de pasión.
—Voy a darme una ducha —anunció Camilo, encendiendo un cigarrillo y vistiéndose con una bata de baño, sin un indicio de cariño hacia Yadira.
Ella, ajena a su frialdad, se sintió de repente un poco triste.
¿Por qué no la abrazaba antes de irse a duchar?
Estaba tan cansada que apenas podía siquiera moverse.
Tras ducharse, Camilo se acomodó en la habitación contigua para dormir.
Dejó e