Mafalda respiró hondo.
Quedaba claro que apelar a la gratitud no funcionaría con Marina.
—Marina, Teresa es tu hermana. Si no la ayudas, tendrá que casarse con un hombre treinta años mayor. ¿De verdad no puedes hacer nada por ella?
—De cualquier forma no es mi hermana. Casarse con un hombre mayor le hará bien, la cuidará —respondió Marina con una sonrisa sarcástica, sin inmutarse.
Mafalda, visiblemente molesta, endureció el gesto.
—¿Te niegas a ayudarnos?
—Así es —afirmó Marina sin rodeos.
—Ent