Luis miró de reojo a Marina antes de responderle a Leticia.
—Si tú y el señor Diego están bien, no hay problema alguno. Entonces colgaré.
Y colgó la llamada.
Marina, apoyando la barbilla en la mano, entrecerró los ojos.
—A las diez y media hay una importante reunión.
Luis afirmo. Si Leticia no tenía inconvenientes, él tampoco intervendría.
Un hombre infiel no cambiaría, incluso si estuviera algo impotente.
Él mismo no había encontrado a una mujer que lo hiciera sentar cabeza.
Si ellas no lo con