Cuando salió del cuarto la asaltaron un montón de ricos olores. Sergio estaba cocinando y el agradable aroma de un guiso especiado impregnaba todos los rincones de la casa.
—Te quedaste dormida y me dio pena despertarte, así que estoy haciendo la comida.
—¡Qué bien huele!
—Ya verás, te vas a chupar los dedos —destapó la cazuela y cogió un poquito de salsa con una cuchara de madera—. Prueba, seguro que en tu vida has comido un estofado mejor.
—¡Delicioso!
—Y mira —la tomó de la mano y la llevó a